Equilibrio entre protección e innovación: una adopción responsable de la IA

La analítica big data (BDA) y la inteligencia artificial (IA) están cambiando rápidamente nuestro mundo. Si bien lo que publican los medios a menudo se centra en aplicaciones futuristas de la IA, como la cirugía robótica y los taxis sin conductor, la realidad es que ambas tecnologías ya alimentan los productos y servicios que usamos todos los días, incluida una amplia gama de aplicaciones móviles, servicios web y soluciones comerciales. 

Ambos conceptos están presentes en prácticamente todos los sectores de la economía, transformando la atención médica, el transporte, la logística, el entretenimiento, la educación, la agricultura y las finanzas. Han revolucionado la forma en la que viajamos, siendo parte de las aplicaciones de transporte compartido que utilizamos. Satisfacen nuestros gustos con servicios que nos ofrecen recomendaciones personalizadas de música y video en numerosas plataformas. Identifican aberraciones en los datos para protegernos contra el fraude bancario, manteniendo nuestro dinero seguro. Y estos son solo algunos ejemplos.

Si bien es bastante conocido el impacto que la BDA y la IA tendrán en los consumidores, es probable que estas tecnologías tengan un impacto más inmediato y profundo en las empresas y el gobierno. Las empresas, independientemente de su tamaño, están comenzando a usarlas para optimizar la fabricación, perfeccionar el servicio al cliente, ajustar las cadenas de suministro, mejorar la contratación y retención de empleados, y aumentar la eficiencia y la productividad. 

Por otra parte, y aunque la adopción ha sido más lenta en el sector público, los gobiernos con visión de futuro están utilizando BDA y AI para mantener el orden público, mitigar el tráfico, facilitar el acceso a los servicios públicos y, en general, para servir a la población de manera más efectiva.

Además, el ritmo al que va la innovación, hace que los legisladores empiecen a tomar nota. Hasta ahora, la mayoría de las discusiones sobre políticas se han centrado en cuestiones que afectan directamente a los consumidores, y no se ha distinguido entre aplicaciones B2C y B2B. Asimismo, el debate versaba sobre los posibles riesgos, y no tanto en la gran promesa e impacto que estas tecnologías tienen para las personas y las sociedades.

A medida que avanza el debate, surge el desafío de garantizar que los esfuerzos para proteger a los consumidores de los daños no frustren la innovación ni obstaculicen los usos beneficiosos de la IA y de la BDA. Como primer paso, las partes interesadas deben trabajar hacia un vocabulario común basado en una comprensión clara de las tecnologías involucradas. También deben distinguir entre las aplicaciones que afectan directamente a los consumidores y las que se utilizan exclusivamente en el contexto empresarial.

Quizás lo más importante es que debemos tener en cuenta que estas tecnologías no son una fuerza autónoma más allá de nuestro control. Todos nosotros, desarrolladores, usuarios, consumidores y legisladores, tenemos el poder de determinar cómo evolucionan, cómo se aplican y, en última instancia, cómo afectan a las personas y las sociedades. A través de la discusión abierta y el compromiso, podemos, y de hecho debemos, promover la adopción reflexiva y responsable de la IA.

Beneficios del Big Data y la IA para empresas

Además de una comprensión clara de las tecnologías y de los términos involucrados, una legislación efectiva debe reconocer los potenciales beneficios de estas tecnologías. Aunque estamos en las primeras etapas de la adopción de ambas, está claro que tienen el potencial de generar enormes oportunidades y ventajas para las empresas.

La analítica de datos y la Inteligencia Artificial permiten que las compañías de prácticamente todos los sectores de la economía se vuelvan más eficientes, productivas e innovadoras. Las empresas ya están utilizando soluciones impulsadas por ambas tecnologías para ayudar a optimizar la logística, mejorar la gestión de inventario y de las relaciones con los clientes, así como para contratar, retener y atender a los empleados de manera más eficaz. 

Los productos y servicios impulsados por estas tecnologías también están preparados para transformar los gobiernos en lo que respecta al suministro de información pública y servicios, particularmente en educación, utilizándolas para mejorar los resultados educativos, potenciar mejores opciones, y reducir la disparidad.

Estamos en la cúspide de la próxima revolución tecnológica. Aunque es probable que ésta se perciba de manera más inmediata y profunda en el entorno laboral, sí que creo que impregnará a todos los sectores de la economía y la sociedad. Los beneficios potenciales son enormes; y abordar los posibles desafíos requiere una legislación reflexiva, deliberada y que se debe poner ya en marcha.

En definitiva, la IA y la BDA están transformando nuestro mundo y ya esbozan lo que serán nuestras vidas. Y eso es impresionante.
 

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