Una sociedad y un mercado con menos jóvenes

Estamos en una sociedad con menos jóvenes. Tenía que pasar, la caída de natalidad que se inició a mediados de los 70s en nuestro país tenía que pasarnos factura y hoy ya es uno de los hechos más relevantes del mercado de trabajo.

Si consideramos jóvenes al tramo de edad entre los 16 y los 29 años en estos momentos en España tenemos en torno a 6,6 millones y hace tan solo 10 años teníamos 8,3 millones. En 10 años hemos perdido 1,7 millones, un 20,7% menos.
Es verdad que muchos de ellos no participan todavía del mercado de trabajo. Muchos siguen estudiando, y más ahora con la reforma de títulos, especialmente la introducción de los másteres universitarios que son obligatorios para el ejercicio de algunas profesiones como la abogacía o la ingeniería.

Entre nuestros jóvenes hay 3,6 millones que están en la población activa, aquellos que quieren trabajar y otros 3 millones están en situación de inactividad, fundamentalmente por seguir estudiando.

De los 3,6 millones que forman parte de la población activa, están ocupados 2,7 millones, mientras que están en paro menos de un millón.

Si analizamos la empleabilidad de los jóvenes vemos que hay dos grandes factores. El primero se refiere a los estudios alcanzados.

Los jóvenes hoy no se forman en programas en función de los grados de empleabilidad. El sistema educativo no se corresponde con el sistema productivo.

Nuestro mercado requeriría un 20% de jóvenes con determinadas titulaciones universitarias relativas a lo que los anglosajones denominan profesionales STEM (de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), especialmente profesionales ICTs (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) que son los que lideran la revolución digital de la sociedad y sus negocios. En el caso español, estos profesionales STEM son la suma de dos grandes áreas de conocimiento, las ingenierías y las Ciencias. Además, de los profesionales de Ciencias de la Salud para soportar un sistema cada día más importante por el envejecimiento de nuestra población.

Pero el mayor número de profesionales debería provenir de la Formación Profesional ya que por la configuración de nuestro mercado los sectores predominantes de empleo deberían provenir de ahí (turismo, comercio, logística, servicios, industria, …). Sin embargo, los jóvenes actuales solo se forman en Formación Profesional un 12%. Esto, es mientras que nuestro sistema productivo fácilmente requeriría un 70% de profesionales de este nivel, solo producimos un 12%.
La mayoría de nuestros jóvenes actuales no tienen una cualificación habilitante para el mercado laboral ni de FP, ni Universitaria. Y muchos de los que sí las obtienen, no son materias que requiera el mercado de trabajo.

Esto genera algunos grandes problemas. Muchos jóvenes no cualificados recalan en el mercado en profesionales que, idealmente, deberían ser cubiertas por profesionales de la Formación Profesional, mejor formados y más vocacionados.
Además, muchos de los estudiantes de la educación universitaria de titulaciones con baja empleabilidad también recalan en el mercado de trabajo en ocupaciones para las que están sobrecualificados, de modo que se genera una tremenda frustración después de haber puesto las esperanzas en haber estudiado una carrera superior.

Habría ante este panorama que luchar contra el fracaso en los estudios, no nos podemos permitir que la mitad de nuestros jóvenes salgan del sistema educativo sin una cualificación para ejercer una actividad productiva.
Tendríamos que montar un sistema de orientación que incluya la empleabilidad como un criterio de elección de los estudios.

La empresa debería estar mucho más presente en el sistema educativo para orientar y comprometerse en la formación, especialmente ofreciendo prácticas de calidad.

Deberíamos aumentar los estudios de mayor demanda, por ejemplo, profesionales STEM y de Ciencias de la Salud, tanto en el nivel universitario como en la profesional.

Incrementar significativamente la oferta de plazas en la Formación Profesional, así como la importancia de las prácticas siguiendo el modelo de Formación Dual. Idealmente toda la Formación Profesional, debería ser Formación Dual.

Y finalmente, como empresas deberemos fortalecer nuestra imagen como empleador para atraer a los jóvenes con los perfiles que nos interesen porque esos serán los mismos que los que interesen al resto del mercado y por ellos hoy ya hay una gran guerra por su talento.

 

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