Enrique Sueiro, Premio ejecutivos Conferenciante

Enrique Sueiro, Premio ejecutivos Conferenciante

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Enrique Sueiro es doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra, director del Programa de Dirección en Comunicación Corporativa y Management del IE Business School y director general de TopTen Management Spain. Su formación académica le llevó a ser director de Comunicación Interna y de Comunicación Científica de la Universidad de Navarra. Esta fue una época que marcó un antes y un después en su trayectoria profesional al entrar directamente en contacto con situaciones de crisis lo que le hizo reflexionar sobre la importancia del componente humano en toda comunicación. La “fórmula CCC” (comunicación más coherencia es igual a confianza) o el principio PEPA (primero las PErsonas, después los PApeles) le convierten en un comunicador único motivo por el que recibe el galardón al Conferenciante en la XXIX edición de los Premios Ejecutivos.

Uno de los aspectos que convierten a Enrique Sueiro en un conferenciante de excepción es precisamente su defensa del silencio, aunque pueda parecer una paradoja. Silencio fértil que consigue que las ideas propias puedan nacer y desarrollarse. Silencio necesario para que las ideas ajenas lleguen en todo su esplendor. “La comunicación empieza por escuchar, porque es la mejor manera que uno tiene de conocer una realidad que luego debe contar.
Escuchar significa estar abierto a cambiar de opinión y tiene que ver con la gestión de las percepciones” ha manifestado en alguna ocasión.

Para Sueiro “las cualidades que debe atesorar un buen comunicador son: conocer a las personas, saber de humanidad, tener paciencia, estar dotado de elasticidad mental, que no tiene que ver tanto con la edad sino con las habilidades que uno va incorporando a su mochila a lo largo de la vida, ser entrañablemente humano y estar profesionalmente muy bien preparado. Pero, sobre todo, debe contar con un componente ético fundamental y con formación en retórica para un uso correcto del lenguaje.”

En su percepción de lo cotidiano y, por tanto, íntimamente relacionado con la comunicación, existen otros componentes que son fundamentales para el desarrollo de las personas como la capacidad para pedir perdón. “El perdón es una acción entrañablemente humana que no cambia el pasado, pero sí el futuro” o “quién no escucha con el corazón, no dirige con la cabeza” son frases que resumen una filosofía de vida que lleva a la práctica en su quehacer diario. 

EL DISCURSO FÉRTIL

En su discurso, siempre ameno, convergen sencillez y profundidad. Nadie queda ajeno a los principios que defiende y que se resumen en dos libros “Comunicar o no ser” y “Saber comunicar saber”, lectura imprescindible para toda persona que quiera aprender a comunicarse con sentido, tanto desde el punto de vista profesional como personal. 
Sueiro es formador de directivos y expertos a los que asesora en temas de comunicación de asuntos complejos y delicados para los que debe primar el rigor y la claridad. Tres son los elementos que considera imprescindibles para afrontar situaciones de crisis: verdad, temple y visión. En su faceta de consultor transmite la necesidad de mimar la comunicación interna de las empresas como forma de salvaguardar la intimidad de las organizaciones. 

Experto en management, en sus formaciones y conferencias mantiene como principio ineludible, no solo orientado a los comunicadores sino a la clase directiva en general, que es imprescindible “hacer lo que se dice y decir lo que se hace” para mantener la coherencia necesaria que lleve a las entidades al éxito. Al mismo tiempo, alerta de un peligro para las organizaciones y las personas al que denomina “retroautorreferencia” y que consiste en una especie de filtro distorsionante del modo de percibir la realidad que nos lleva a leer, escuchar y seguir con predisposición solo a quien reafirma datos, contexto y emociones de su entorno personal y corporativo. 

CLAVES DEL ÉXITO

Escucharse a uno mismo, primordial. Rodearse de personas que provoquen el crecimiento. Disfrutar de lo que uno hace. Sentirse importante, pero sin llegar a la autocomplacencia. No compararse y querer a los demás. Y todo ello, mezclado en un juego de armonía y equilibrio cuyo principal ingrediente es la humildad.

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