cabecera
Hemeroteca :: Edición del 21/09/2012 | Salir de la hemeroteca
1/13

Por José Luis Briones

Por José Luis Briones
x
Presidente de Alquimia Emprendedora. Profesor de la Business School de la Universidad Antonio de Nebrija.
http://www.alquimiaemprendedora.es
Última actualización 16/07/2012@10:27:35 GMT+2
Sin duda alguna es una oportunidad de oro, porque la reflexión no se refiere a algo, o alguien, o a experiencia externa a nosotros, sino que nos afecta directamente, muy directamente especialmente porque esta victoria de nuestra selección nacional nos llega al corazón.
¿Qué podemos aprender directamente de este triunfo?, es más: ¿qué enseñanzas podemos tener para salir de la situación de crisis que vivimos?

Comparto con ustedes algunas ideas, no desde la interpretación intelectual, sino desde el análisis de las experiencias que he vivido, visto y sentido con motivo de este nuevo triunfo de nuestro futbol nacional.

1) Sentido de pertenencia: el triunfo de la selección nacional no ha sido solamente “su triunfo”, ha sido “nuestro triunfo”, y esto se ha manifestado de mil formas diferentes, desde el lenguaje – “hemos ganado”, “hemos jugado”, “somos los mejores”, etc. – hasta el comportamiento expresado en la exposición eufórica y pública de símbolos, sean camisetas, banderas, y mil cosas mas.

Nos hemos sentido parte, hemos dejado de ser espectadores. El esfuerzo de los jugadores era nuestro esfuerzo, sus errores los vivíamos como nuestros, sus triunfos también… bueno… vale… quizás más, pero esto no cambia el mensaje.
´
Lo importante es que nos hemos sentidos tan orgullosos del triunfo, como los propios miembros del equipo.

¿Qué pasaría si este sentimiento de orgullo por “pertenecer a…” se sintiese exactamente igual si lo extrapolamos a nuestra empresa, a nuestro trabajo, a nuestro proyecto emprendedor, ¿qué pasaría si al diseñar nuestros planes de empresa se considerase un apartado en el que se estableciese como objetivo conseguir este nivel de involucración en nuestro personal, en nuestros socios, en nuestros proveedores, en nuestros clientes?

¿Qué pasaría si cada triunfo de nuestros emprendedores fuese un triunfo de todos?

¿Utopía?, ¿por qué es posible en el juego del futbol y no en la vida corriente?, es más: ¿no afrontaríamos la actual crisis con más voluntad de triunfo si todos los españoles convirtiésemos el salir de la misma como un desafío común y con el mismo entusiasmo y compromiso que hemos sentido en relación al triunfo de la Roja?

El problema está en nuestras mentes. No solo es posible, es que ya es real en muchas experiencias emprendedoras.

He vivido este entusiasmo y este compromiso en muchas de las empresas franquiciadoras de micro emprendimientos, la mayoría integradas en el canal de distribución de la venta directa (por ejemplo: Mary Kay, Action Care, o más recientemente en España la distribuidora de cafés Organo Gold), para sorpresa de los observadores que solo pueden explicar este compromiso “relacionado con el trabajo” desde la interpretación de “lavado de cerebro”, o “son una secta”, simplemente porque los componentes de estas redes de micro franquiciados defienden su color con la misma pasión que los españoles hemos defendido el nuestro en esta Copa de Europa.

Pero es que no solo son estas empresas las que generan este comportamiento. Analice el compromiso de los usuarios de Apple con su marca, o los trabajadores de Google con su empresa y empezará a comprender una de sus variables fundamentales para haber alcanzado el posicionamiento que hoy tienen.

Están comprometidos porque se sienten parte de algo que les hace sentirse reconocidos, porque están comprometidos con símbolos que representan valores con los que se sienten identificados, porque en definitiva estas marcas – ya sea la Roja, o la empresa de turno – les demuestran que es posible ganar, que es posible el triunfo, que es posible convertir cada día de nuestras vidas en un desafío permanente.

Y por esto se sienten orgullosos de pertenecer. Cómo deberían sentirse nuestros emprendedores si comprendiesen que su proyecto empresarial supera en mucho el tradicional concepto economicista, que crear empresas hoy es mucho mas que crear riqueza, que por encima de esto, una nueva empresa, es un nuevo desafío que como tal contribuye a un mundo en el que vivir es convertir cada día en una nueva oportunidad.

Si nuestros emprendedores tomasen conciencia de cual es su papel dinamizador de la sociedad, con seguridad no solo habría más, porque tendrían una razón fundamental y motivante para emprender, sino que tendrían mas fuerza para superar los obstáculos que todo nuevo proceso conlleva. Y este sentido es el que cohesiona, integra y aporta el necesario, hoy mas que nunca, orgullo de pertenencia.

2) Calidad humana: me encantaba escuchar los comentarios de diferentes tertulianos en relación a la calidad humana de los miembros del equipo de la selección nacional. Destacaban estos, como nadie de sus miembros sobresalía sobre los demás, como nadie se apropiaba de ningún triunfo, como todos en el campo del juego eran una piña comprometida en un objetivo común: ganar la copa de Europa.

Considero fundamental reflexionar sobre este punto, especialmente si tenemos en cuenta de que el triunfo de nuestro equipo no ha sido solo porque saben jugar (lo que es vital) sino porque además son personas plenas, comprometidos con valores y coherentes con ellos.

Todavía vivimos el paradigma de la época industrial, todavía pese a que esté dando sus últimos coletazos. Hasta ahora –y más cuando analizamos el juego de muchos futbolistas– la técnica tiene un peso, un posicionamiento prioritario a la hora de definir las variables que hacen ganar a los equipos… pero de pronto descubrimos que junto a la técnica hay otro factor determinante: la calidad humana.

Tan determinante que posiblemente sea “el elemento”, utilizando la terminología del autor Ken Robinson, aunque él lo enfoque mas en relación a la creatividad. En definitiva la técnica no deja de ser solo la entrada al espectáculo, sin ella ni siquiera estás, lo que significa que quien no la tenga no participa. Lo que nos hace ganar hoy es la calidad humana, sumando – insisto para que no haya dudas – a la calidad técnica.

¿Qué pasa con nuestros emprendedores?, la respuesta puede usted tenerla si analiza los programas de dinamización de la cultura emprendedora, si profundiza en los programas de formación de emprendedores y si interpreta las subvenciones que se dan para fomentar el I+D en nuestras empresas. Pura técnica, se llame como se llame.

Y debo insistir: la técnica es precisa, la calidad tecnológica es imprescindible, pero por si sola no solo no nos va a sacar de la crisis, además de que no va a existir relación entre el esfuerzo económico, el emocional, y los resultados.

Si no añadimos la calidad humana, el compromiso de los individuos con el máximo desarrollo de su potencial, el sentimiento de que las personas no solo tenemos necesidades físicas, no solo tenemos coeficientes de inteligencia, no solo tenemos emociones, sino que además tenemos un alma que intenta dar sentido a cada acción y compromiso que tomamos, no existirá y en consecuencia no podremos ganar a quien haya sido capaz de crear SINERGIAS entre sus capacidades innovadoras y su voluntad de dar lo mejor de si mismo.

Suena fatal, lo sé… pero cada día estoy más convencido de que la calidad humana es una de las principales ventajas competitivas que podemos fomentar entre nuestros emprendedores y pymes. Sencillamente porque lo otro –la técnica– está al alcance de todo el mundo, tarde o temprano, que sea mínimamente profesional.

3) Sentido: Y este es el factor que cohesiona este concepto…. la razón del porque nos implicamos.

Comentaban los tertulianos como en el campo del juego se habían superado los diferentes enfrentamientos que habían existido entre jugadores de la selección nacional, que pertenecían a quipos altamente competitivos, como son el Real Madrid y el Barcelona.

¿Qué pasaba para que en el campo de juego todos estos enfrentamientos, todos los rechazos anteriores no solo pareciesen olvidados, sino que la integración de todos los componentes del equipo era evidente?

Sencillamente que tenían en común una misión superior: la de ganar la Copa de Europa. Lo que nos lleva a la conclusión de que cuando existe un objetivo transcendente, que todos asumen, las diferencias y barreras del corto plazo quedan superadas.

Es la gran batalla que como dinamizador de la cultura emprendedora llevo asumiendo hace años. Batalla en la que he tenido que enfrentarme al escepticismo, e incluso rechazo –a veces violento– no solo con emprendedores, sino con personas implicadas en el desarrollo de la cultura emprendedora. Y aunque no sirva de consuelo, no solo en España.

Y es que con frecuencia confundimos “nuestras motivaciones personales” con las del emprendedor. Nosotros que tenemos un trabajo fundamentalmente para que nos financie nuestra “vida”, la que tenemos fuera del trabajo, nos resulta difícil entender que haya personas para las que el trabajo es “su vida”.

Muchas veces me pregunto como habrían atendido muchos profesionales vinculados a instituciones comprometidas con el desarrollo de la cultura emprendedora, o entidades financieras, si hubiesen tenido la oportunidad de tener frente a ellos y en busca de su asesoramiento a emprendedores de estas características:

I) Emprendedor: Quiero crear una empresa textil que integre todo el proceso, desde el diseño a la distribución.

Técnico: ¿Tiene usted experiencia?
E: No.

T: ¿Tiene dinero?
E: No.

T: ¿Tiene un plan?
E: No

II) T: ¿Cuál es su objetivo?
E: Competir con IBM.

T: ¿Qué edad tiene?
E: 17 años.

T: ¿Tiene dinero?
E: No.

III) E (son dos): Queremos crear una empresa que integre toda la cultura y datos de la historia, que además sea diferente a lo que hay y que contribuya a cambiar el mundo.

T: Esta muy bien… ¿pero cómo van a ganar dinero?
E: No lo sabemos.

IV) E (esta vez es una mujer): Mi marido me ha abandonado, tengo dos hijas, he fracasado hasta ahora en todos los negocios en que me he metido, no tengo dinero y lo que quiero es hacer algo que contribuya a que el mundo sea mejor.

T: ¿Tiene un plan?
E: No.

V) E: Quiero crear una cadena de cafeterías a nivel mundial.

T: Estupendo… ¿Cuándo dinero precisa?
E: 250 millones de dólares.

T: ¿Tiene dinero?
E: No.

T: ¿Tiene avales?
E: No

El primer caso es nuestro Amancio Ortega, creador de ZARA, lo siguientes son sucesivamente: Michael Dell, de DELL Computers, Sergey Brin y Larry Page de GOOGLE, Anita Roddick de THE BODY SHOP y Howard Schultz de STARBUSCKS. Pero podría citar decenas de ejemplos mas, la mayoría no tan significativos, pero de no menos importancia a nivel de compromiso.

¿Qué es lo que hacia que estos emprendedores siguiesen adelante cuando nadie creía en ellos?, ¿qué es lo que les impulsaba?, ¿qué es lo que les daba fuerzas para superar la incertidumbre e incluso el miedo?

Lo mismo, exactamente lo mismo que a lo integrantes de nuestro equipo La Roja: una meta que era superior a los razonamientos, a la lógica imperante, a lo que “debe ser”. Una misión que tiraba de ellos…. GANAR.

Pero ustedes me dirán que esta es la misión que tiene cada emprendedor, ¿qué sentido tendría si no crear su empresa?, pero no es así exactamente. Estos emprendedores tienen una forma diferente de entender lo que significa GANAR.

En los ejemplos que he citado, y muchos otros – no son estos la excepción - su meta es sentir que su proyecto aporta, contribuye a un mundo diferente, cada caso tiene su propia visión, pero en sus raíces existe un punto común: quiero sentir que contribuyo a un mundo mejor. Para todos estos el beneficio, el justo y merecido – y además imprescindible – beneficio económico es consecuencia del valor que aportan con su proyecto a la sociedad, es la consecuencia… no el fin.

Esto no quiere decir que no valoren el beneficio económico, sino que no es este su principal motivante. ¿Alguien se atrevería afirmar que los integrantes de nuestra Selección no habrían salido a GANAR si no hubieran tenido una recompensa económica?, y si vale para ellos ¿Por qué no vale para un emprendedor?

El que nosotros no lo haríamos, no significa que no existan personas que si lo hacen, y si no observen cuantas personas hay a su alrededor que asumen compromisos, muchas veces profesionales sin considerar los beneficios económicos. Es más: muchos de los proyectos empresariales de los que nos estamos beneficiando existen sin que el tener ingresos fuese el objetivo de sus creadores.

¿Quieren ejemplos?, hay miles. Me quedo solo con uno: Tim Berners-Lee, el creador de la Web. Nunca ha percibido ningún ingreso por esa aportación tan importante a nuestro desarrollo.

¿Estoy insinuando con esto que los emprendedores no deben percibir beneficios económicos por sus creaciones?, en absoluto. Repito: en absoluto.

Lo que si estoy insinuando es que el que usted, o yo, no pensemos así, ni posiblemente queramos hacerlo, no implica que no haya personas para las que el beneficio económico es totalmente secundario.

Quiero aclarar, porque es de justicia, que conozco muchos técnicos – con los que he tenido el privilegio de trabajar frecuentemente – de instituciones oficiales, que no solo son en muchas ocasiones mas emprendedores que los que les piden consulta, sino que tienen una idea clara de que los mejores proyectos innovadores son los disruptivos y que estos, habitualmente son los que no se plantean las cuestiones que hacen del mismo algo lógico y controlable. Por suerte para todos, la cultura emprendedora ya no es solo exclusiva de los emprendedores.

Es más: existe una enorme paradoja. Sin duda puedo afirmar que no hay relación entre los compromisos de estos profesionales y sus retribuciones. Tenemos aquí entonces un testimonio de que no solo es el dinero lo que mueve al mundo.

La paradoja es que he podido comprobar que en muchas ocasiones estos mismos profesionales no son conscientes de su compromiso y de su valor.

Pero volviendo al tema y para finalizar esta primera parte del articulo, lo que planteo es que cuando hay un objetivo que supera lo inmediato, cuando hay una meta que nos transciende, cuando hay una misión con la que nos comprometemos todos y cuando hay un “sentido” a lo que hacemos, entonces no solo damos lo mejor de nosotros, sino que creamos en nuestro entorno un compromiso con valores comunes y, en consecuencia, generamos la SINERGIA imprescindible para ganar en un mundo caótico, sin rumbo y en plena crisis.

Resumiendo esta primera parte, ¿Qué podemos aprender de la Roja?

En primer lugar que debemos crear empresas que generen en todos sus integrantes (personal, proveedores y clientes) un profundo sentido de pertenencia. Se hace ya imprescindible superar la reduccionista barrera de que lo que pesa en toda relación comercial son los intereses de cada una de las partes. Sin reducir la importancia de estos, debemos tomar conciencia de que está surgiendo un nuevo paradigma: que el factor CONFIANZA es determinante a la hora de establecer una relación comercial y que para esto es preciso que los justos intereses de cada parte se integren en una sincera filosofía GANAR/GANAR.

Es entonces, cuando cada parte pueda comprobar que sus propios intereses tienen la misma importancia para los intereses de la otra parte, cuando se puede crear una relación de confianza, base fundamental para sentirme integrado en un proyecto común.

Que en el momento que vivimos centrar la estrategia en la calidad del producto, o en la técnica, o en el servicio es firmar el certificado de defunción. Todo esto no es más que la cuota de entrada para existir como empresa, porque cualquier competidor que sea mínimamente profesional puede alcanzar nuestro mismo nivel de calidad… igual para con la innovación.

La única ventaja competitiva sostenible es la calidad humana, porque lo único que no se pude reproducir es a la persona.

Si queremos dar lo máximo de cada uno, tenemos que establecernos metas que nos transciendan y tiren de nosotros. Si nuestro objetivo es sobrevivir, siempre estaremos sobreviviendo. Si nuestro objetivo es una meta económica, nuestro esfuerzo se limitará al volumen de la misma, pues hay una relación entre esfuerzo y objetivo.

Se hace imprescindible crear empresas que vayan mas allá de los balances de fin de mes, que se establezcan metas que exijan lo mejor de cada persona y, especialmente, que den sentido al esfuerzo, sacrificio y compromiso que les estamos pidiendo. Y ninguna meta económica justifica nada de esto.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (5)   No(0)
1/13
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de ejecutivos.es
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Tu dirección de email no será publicada.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.