Por Juanma Romero
Última actualización 17/05/2012@02:57:17 GMT+2
Todos sabemos que los recortes que nos esperan son muchos. No solo serán el pago de parte de las recetas, mediante una contribución mayor que hasta ahora, subiendo el porcentaje de pago del ciudadano. A esto añadimos que el paro desgraciadamente continuará su incremento de forma inmisericorde, durante algún tiempo.
La situación económica sigue muy deteriorada. Los padres lo vamos a pasar mal para pagar las facturas, llegar a fin de mes y responder a nuestras obligaciones hipotecarias. Y eso si nos referimos a los padres que tenemos la suerte de tener trabajo.
Que el Gobierno está haciendo todo lo que puede y lo mejor que puede, de eso no tengo duda. Otra cosa es que lo haga mejor o peor, pero lo intenta, seguro. Que nos vienen trabas de todos lados para salir adelante, también lo sabemos.
Algunas medidas aunque son dolorosas no parecen descabelladas: que los repetidores en la universidad paguen mucho más, que los parados no tengan que hacer aportación al comprar medicinas o que acabemos con ese nefasto turismo sanitario que llena nuestros hospitales de personas que no han pagado un euro en impuestos en nuestro país y que vienen a operarse, porque es gratis.
Que los partidos de la oposición miran a ver en qué parte pueden hacer más daño al Gobierno, es decir, a todos los españoles, de eso no tampoco tengo ninguna duda, digan lo que digan ellos.
Lo cierto es que esa leal oposición no se quiere dar cuenta de que esta grave situación que atravesamos es, principalmente, culpa de su nefasta gestión durante los últimos años de gobierno. Siete años en los que ha dirigido el país un iluminado que movía nuestros destinos a golpe de ocurrencia, cuanto más estrafalaria mejor.
Que esa oposición no tiene autoridad moral más que para apoyar al Gobierno en todo lo que haga o diga, también es cierto. Otra cosa es que se hagan los locos, como si no hubiesen gobernado estos años y la actual situación no fuese consecuencia su mala gestión.
Eso lo sabemos todos. Pero hace falta que nos lo expliquen, de forma clara. Tan claro como cuando Mariano Rajoy de viaje en Colombia dijo con absoluta rotundidad que “no hay dinero para atender los servicios públicos”.
Es un buen principio. Decir lo que pasa. También debería decir por qué pasa y cómo lo vamos a solucionar entre todos. Porque o remamos todos en el mismo sentido o no hay nada que hacer. Los ciudadanos necesitamos que las declaraciones de nuestro Gobierno no se dirijan solo a los agentes económicos y políticos, sino principalmente a nosotros.
Que nos expliquen las ventajas de perder poder adquisitivo e incluso nuestros empleos, de cara al futuro y, lo que más me preocupa, al futuro de nuestros hijos. Que me digan por qué tengo que ganar menos salario que hace un año y trabajar más. Seguro que bien explicado hasta yo lo entiendo. Quizá al Ejecutivo alguien le debería recordar un pensamiento pronunciado dos mil quinientos años atrás por un tal Pericles, que dijo algo tan simple y contundente como que “si tienes buenas ideas y no sabes cómo expresarlas es como si no las tuvieses”.
Puede que eso sea lo que tiene que hacer Rajoy y todo su equipo, para que lo comprenda la gente de la calle. Hace falta alguien que sepa expresarlo de forma clara y convincente, y nuestro Gobierno da la impresión de no saber hacerlo. Ahí es donde, quizá, podría intentar mejorar, y mucho, su comunicación. No en los grandes actos institucionales, reuniones de alto nivel o cumbres nacionales o internacionales.
Donde, modestamente, pienso que tienen que hacerlo mejor, y mucho, es en la forma de explicarnos lo que están haciendo. No lo hacen, no nos lo explican y, lógicamente, no lo entendemos. No parece razonable que a un parado de larga, media o corta duración se le pidan sacrificios, muchos sacrificios, demasiados sacrificios, y no se le explique claramente todo lo que está pasando.
Pero que lo explique el Gobierno, el actual, porque los que han mandado hasta hace unos meses no tienen ninguna autoridad moral para hacerlo. Ni probablemente saben cómo hacerlo.
Más pedagogía, por favor.