Hemeroteca :: 26/04/2012
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Análisis y Opinión

Por Juanma Romero

Última actualización 31/01/2012@04:32:26 GMT+2

El juicio de Garzón nos ha demostrado que como comunicador es un desastre. No entraré en si es buen o mal juez instructor. Pero a la hora de comunicar suspende, y con nota muy baja.

En el primero de los juicios a los que se enfrenta estos días el ex juez estrella, se le acusa de prevaricación por ordenar unas escuchas supuestamente ilegales. Garzón ejerció su derecho a decir la última palabra.

Pero cualquiera que tenga que comunicar sabe, o debería saber, que tiene que utilizar el tiempo necesario pero no más para lanzar su mensaje. Malgastar diez minutos o más, como hizo Garzón en su alegato final, no le sirvió de nada.

Es muy probable que a los tres minutos los que le estaban escuchando, quienes le tienen que juzgar también, se pusiesen a pensar en otra cosa. Somos humanos y nuestra mente se dispersa si no consiguen atraernos con un mensaje adecuado y un discurso atractivo. Garzón habló y habló como una cotorra pero la gente se perdió por el camino.

Me imagino a los pobres periodistas que han seguido el juicio intentando mantener la atención. La mayoría de ellos habrán tenido que volver a ver la grabación una o varias veces para saber de qué iba todo aquello y contárselo a sus oyentes, telespectadores o lectores.

Garzón debería haberse planteado su discurso como en cualquier reunión de networking, un minuto o dos y no más. En ese tiempo se lanzan los mensajes adecuados para que lleguen nítidamente a la audiencia y consigan el efecto que queremos lograr, que no es otro que convencer.

A partir del minuto tres la gente se dispersa. Y a partir del cinco se aburre y empieza a pensar “a ver cuándo acaba este pesado”.

Su principal problema, aparentemente, fue que iba demasiado confiado en sí mismo, con una autoestima por las nubes. Lo que popularmente se conoce como “ir sobrao”. Grave error. En mis seminarios para hablar en público siempre digo que lo primero que tenemos que hacer es ser humildes. Me da la impresión que el señor Garzón ese día no asistió a clase. Ni tampoco a la otra en la que enseño a hacer un discurso coherente a base de esfuerzo y preparación.

Supongo que sus abogados le instruirían con absoluta claridad sobre lo que tenía que decir, pero da la impresión de que no tenían la menor idea de cómo tenía que decirlo. Creo que no supo expresarse adecuadamente. Ya lo dijo un tal Pericles, unos dos mil quinientos años atrás: “si tienes buenas ideas y no sabes cómo expresarlas es como si no las tuvieras”.

Garzón cometió un error muy grave. No consiguió lo que pretendía. Es como si yo quiero pasar por un hombre culto y escribo error con “h”.

Quizá la próxima vez consulte a un profesional para que le diga cómo hacer un discurso que encandile a la audiencia, y convenza a sus jueces de que es inocente, que es de lo que se trata.

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