Un patito al que hay que mimar, cuidar, proteger… y satisfacer sus demandas de subvenciones… pero no comprender.
Sin embargo esta primera expectativa se frustra cuando recibo la documentación correspondiente, entre la que se encuentra, lógicamente, el contenido del Programa. ¿Qué hay aquí que haga “sentir” que es un programa específico para emprendedores? Es cierto que muchos de sus profesores lo son y también es cierto que uno de los temarios es ¿Qué significa ser emprendedor?, pero nada más.
Titulo este articulo "La paradoja de emprender", y lo hago por el sentimiento contradictorio que me produce estar constantemente escuchando la importancia del emprendedor, sentir la necesidad que existe de crear nuevos modelos de negocio, y en paralelo no ver el cambio por ningún sitio. Tomemos tres ejemplos.
La actual campaña política.
Los dos principales partidos, parece ser, que han descubierto la panacea que es apoyar a los emprendedores. Magnifico, ya era hora. Claro que nunca lo han negado, pero nadie puede rechazar esta realidad: hasta ahora, y que yo sepa – a excepción de la fallida campaña de Manuel Pimentel con su Foro Andaluz – ningún partido político había integrado en sus programas electorales al emprendedor con tanto énfasis como está ocurriendo en esta campaña.
Pero ¿Qué significa para los partidos apoyar a los emprendedores?, lo de siempre: fiscalidad, subvenciones y apoyo económico. De nuevo: pan y circo. Hice este comentario con un importante responsable de uno de los dos principales partidos, su respuesta me dejo frio: primero hay que legislar y luego fomentar. Frio porque, una vez más, se confirma el desconocimiento de lo que realmente significa emprender. ¿Cómo se puede legislar el espíritu?, ¿más subvenciones y ayudas fiscales van a hacer que Usted y yo, potenciales emprendedores, asumamos la vida como un desafío?
Claro que ayudar, ayuda. Nada que objetar. Si me dan subvenciones no voy a rechazarlas, si encima me reducen la presión fiscal, pues mejor que mejor.
Pero reducir el fomento de la cultura emprendedora a esto, para mí al menos me define la limitada visión que tienen nuestros políticos de lo que realmente significa emprender.
¿Cómo fomentar la pasión, el significado real del emprendedor: un dinamizador social, un creador de Historia, un transformador?, ¿teoría?, pregúnteselo Usted a Amancio Ortega, a los chicos de Google, lea la biografía – recientemente publicada de Steve Jobs – profundice en experiencias como Mercadona, Irizar, El Bulli, Body&Shop, y dígame si es teoría. Ninguna de estas empresas, ninguna, existe porque existiesen subvenciones, ayudas y beneficios fiscales. Ninguna.
Segundo ejemplo.
Es bueno que esté de moda. Me refiero a la enseñanza del emprendimiento en las escuelas e institutos de enseñanza media. Magnifico, pero ¿cuál es el problema?
Que de nuevo estamos reduciendo lo que significa emprender. Claro que entre lo que se hace y lo que antes no se hacía, me quedo con lo primero, pero por favor: no nos engañemos.
Enseñar cómo se crea una empresa, enseñar la importancia de un logo, y enseñar a crear un plan, no va a hacer emprendedores. Si es cierto que, como ocurre con el resto de las materias, al igual que un chaval podría sentirse entusiasmado con los conocimientos de química, hasta el extremo de hacer de esta materia su carrera profesional, cabe la posibilidad de que el saber cómo se crea un plan de empresa, o una campaña de publicidad, haga que más de un muchacho, al menos, pierda el miedo a crear su propio negocio. Claro que sí. Pero estos conocimientos no van a crear empresarios.
Poner el emprendimiento al mismo nivel de otra asignatura a aprender, no va a crear emprendedores, ¿Por qué?, porque emprender es mucho más que conocer. Es crear, arriesgar, asumir la vida como un desafío, enfrentarse a la incertidumbre como una oportunidad, vivir el cambio como algo permanente.
Y todo esto no se crea a base de conocimientos. Que si son importantes, insisto, por favor no me diga que digo lo contrario, pero totalmente insuficiente. La cuestión es que nos hemos quedado en enseñar, no en vivir, en hacer, no en ser. Y este es el problema.
Y entro por fin en los sentimientos que me han producido conocer el contenido del master promovido por la escuela de negocios en cuestión. Este es el tercer ejemplo.
Es evidente que si un emprendedor sabe gestionar, pues mejor que mejor. Pero ¿Por qué no nos preguntamos porque los principales emprendedores, tanto en España, como en el resto del mundo, siempre tuvieron a su lado auténticos espadas en la gestión? ¿Debemos recordar el complemento que tuvo Amancio Ortega, con José María Castellanos?, y créanme que no es el único ejemplo.
Nadie puede poner objeciones a los conocimientos en la gestión, el problema está cuando se confunden estos con el “hacer emprendedores”. Las escuelas de negocios que han integrado en sus planes la palabra “emprendedor” están formando gestores. Insisto, de maravilla, pero que no me digan que están contribuyendo al fomento del espíritu emprendedor porque enseñan hacer un plan de empresa.
Y créame que no es una cuestión de detalle, o simple. Es mucho más profundo, para mí por encima de todo es una visión del mundo. ¿Lo estoy complicando?, tenga paciencia.
La visión del gestor de lo que es un emprendedor todavía está marcada por la cultura de la época industrial, en la que la empresa – como la propia vida – era un reloj, una máquina que puede controlarse, montarse o desmontarse. No le voy a cansar más ahora con esto, le invito a que lea mi artículo, publicado en este medio, y cuyo enlace es este: http://www.ejecutivos.es/noticia.asp?ref=14872. Con esta visión mecanicista de la vida, es lógico que lo que se considere vital es la de “crear mecánicos”, formar personas que sepan manejar los recursos, rentabilizarlos, entre ellos el “humano”. Pero el emprendedor tiene otra visión de la vida, que yo he integrado en un concepto: el del plato de espaguetis.
Formar mecánicos/gestores no es malo, salvo que se entienda que es suficiente para forjar emprendedores. Entonces sí, porque estamos cayendo en la complacencia, en el sentimiento de que si damos la mejor formación, la económica emprendedora – si esa que según todo el mundo ha descubierto es la que nos va a sacar de la crisis –, tendremos más empresas.
Y no es así: posiblemente tendremos mejores empresas, muy probablemente habremos reducido el índice de cierres, y casi con seguridad podremos ser capaces de incrementar nuestro índice de competitividad, seguro. Todo muy importante. Pero no vamos a tener más empresas. Un ejemplo: En estos días la revista Andalucía Económica ha publicado su estudio número VIII sobre Vocación Emprendedora en Andalucía. Entre otros datos realmente interesantes hay uno que debería llevarnos a la reflexión: El 41,2% de los universitarios andaluces aspiran a ser funcionarios Es decir, casi la mitad de nuestros potenciales emprendedores (aunque tampoco olvidemos de que muchos de los gigantes emprendedores no tienen, o han tenido, ningún estudio universitario, ¿no será esta una confirmación de mi tesis?) no solo no tienen interés en ser emprendedores, sino que ponen la seguridad como primera prioridad en sus vidas, optando por la muy digna, y necesaria, profesión de funcionario.
¿Por qué va a ser diferente?, si Usted lo que me ofrece como estímulo para emprender es un programa de formación, es una subvención, o una ayuda fiscal, Usted me está vendiendo de que lo más importante para crear una empresa “es la seguridad” y esta me la ofrece a través de la formación, o del apoyo económico. El mensaje es más que ofrecer una ayuda, es afirmar que “si sabes construir un reloj, eres un relojero”.
Pero el que arregla el reloj, no es el que lo diseñó, vendió, lo amó, lo potenció y el que generó pasión hacia el reloj. Y nada de esto se aprende estudiando. Hay que vivirlo, sentirlo, amarlo. ¿Se escapa esto a las escuelas de negocios, a los programas electorales?, no, sinceramente creo que no. Es una cuestión de enfoque. Hábleme Usted de valores, dígame Usted el peso que tiene en la transformación social el hecho de emprender, deme Usted una razón para dar mi vida por un sueño, que vaya más allá de comprender un balance y entonces sí, entonces es muy probable que encuentre en el emprender una dimensión que si justifique asumir la vida como un desafío.
¿Es que los andaluces tienen en sus genes algo que les impulsa a ser funcionarios?, no, en absoluto. Lo que pasa es que a los andaluces la opción de tener que elegir, para tener seguridad profesional, entre unas oposiciones, o un programa de formación, eligen lo primero. No tienen razones suficientes para lo segundo.
Entonces pongamos al emprendedor en su lugar. Potenciemos su imagen de héroes populares, al igual que hacemos con muchos artistas y deportistas. Hagamos entender a la sociedad que el papel del emprendedor transciende el puramente económico, superemos ese cierto cinismo de meter la ética como asignatura, como si ser decente fuese una opción (o una pieza más del reloj) integremos los valores como forma de vida, hagamos comprender que la solidaridad, el compromiso, el sueño de contribuir, a través de la creación de riqueza, a un mundo mejor, es algo por lo que realmente merece dar la vida.
Peter Senge en su libro "La revolución necesaria", escribe esto: Ocasionalmente, sin embargo, ocurre algo diferente, un despertar colectivo a nuevas posibilidades que, con el tiempo, lo cambian todo: la forma como ve el mundo la gente, qué aprecia, como la sociedad define el progreso y se organiza a sí misma, y cómo funcionan las instituciones. El Renacimiento fue un cambio de ese tipo, lo mismo que la Revolución Industrial. Y algo semejante está empezando a ocurrir hoy en día alrededor del mundo.
Pues bien, si asumimos que estamos, que tenemos la maravillosa oportunidad de vivir en una época revolucionaria, dejemos que los auténticos protagonistas de este cambio lo asuman sin complejos, siendo conscientes de su responsabilidad histórica. Demos a los emprendedores su auténtico papel: el de ser protagonistas del cambio, el de ser hacedores de la historia, y Ustedes mismos verán como entonces sí, entonces muchos jóvenes que hoy no tienen más aliciente para emprender que el de sentirse protegidos por el Estado, tomaran la decisión de ser protagonistas de su propia vida, dándola sentido mediante el cumplimiento de sus sueños.
Pero claro para esto hay que ver a la empresa como un proyecto de vida y de aportación social. Mucho más que un trabajo, profesión, o forma de hacer dinero. Sin que nada de esto deje de ser cierto. Esta es la paradoja del emprender.