Los consumidores se han visto convertidos, por medio de la tecnología, en poderosos aliados y colaboradores de las marcas y las compañías que estiman.
También, es innegable, se han erigido muchas veces en el rival más temible, en un movimiento implacable y sin concesiones a la hora de atacar a una marca que detestan.
No contar con el consumidor desde el primer momento a la hora de comunicarse con él es un error muy grave, defenderse de sus pretensiones puede llevar al desastre, y atacarlo - como muchas marcas están haciendo sin ser conscientes de ello- constituye un suicidio.
El poder se ha invertido. Eso necesariamente cambia el juego.
Que una marca siga existiendo en los próximos años depende en gran medida de que hoy busque -y logre- reconciliarse con su consumidor.