Blanca sinfonía. D.O. Rueda

Por Enzo Milo

Aguas abajo de la desembocadura del Pisuerga en el Duero y al Sur del mismo, en el corazón de la meseta Norte, entre los ríos Cega y Trabancos, el paraíso de la Verdejo y su blanca sinfonía esperan. Rueda es una locomotora. Una gran denominación en crecimiento constante. Cuantitativo y cualitativo, a partir, en especial, de su histórica y versátil variedad. La Verdejo es la marca y setenta bodegas las responsables de los vinos blancos que más se venden en España. Y, aunque ya son más de catorce mil hectáreas de viñedos y de ciento diez millones de kilos de producción, el recorrido promete y se antoja, por fortuna, largo.

El destino tocó de nuevo a la puerta en 1980. En Castilla y León se aprobaba su primera denominación. Setenta y cuatro municipios de tres provincias –Ávila, Segovia y Valladolid– se unían por y para el vino, tratando de recuperar el esplendor perdido. Porque desde la filoxera, una interminable decadencia asolaba las Tierras de Medina y su entorno. La guerra civil y la política de monocultivo cerealista franquista terminarían de minar el extraordinario legado. Y de las noventa mil hectáreas de viñedos de principios del siglo xx se pasó a tres mil supervivientes en los setenta. Menos mal que algunos suelos demasiado pobres y arenosos no resultaron interesantes. Ni para al insecto, ni para el cereal y aún hoy se conservan cepas prefiloxéricas sobre pie franco de una extraordinaria longevidad.

Desde la aprobación de la denominación y en democracia, Rueda rueda deprisa y avanza adaptándose a las nuevas demandas. La Verdejo y sus vinos son un referente de modernidad. Pero este territorio es, asimismo, piedra angular de la historia de España y Portugal y arena de la de sus vinos. Y aunque, incluso se piense que el emperador Teodosio plantó las primeras vides, ya desde la repoblación del Duero, tras la reconquista de Toledo, la Verdejo encontraría en las terrazas aluviales y diluviales del Duero su mejor versión. Traída del Norte de África por mozárabes y en las manos de cántabros, castellanos y vascones también, a finales del siglo xv el Verdejo se había convertido en el vino favorito de la Corte. Los Reyes Católicos y quienes les siguieron, firmaron durante los siglos XVI y XVII ordenanzas para su protección. Eran los famosos vinos Dorados, los primeros de solera y crianza en barrica de España (vinos añejos y trasañejos, de un año o de varios).

Iniciamos nuestro tour por Rueda , desde Segovia y tras un viaje corto a Ávila. Queremos comprobar el potencial y evolución de la denominación. Queremos conocer su historia y sus tesoros y disfrutar de sus vinos. Como antesala y tal vez, premonición, en el monasterio de Nuestra Señora de la Soterraña de Santa María La Real de Nieva admiramos en capiteles y frisos el calendario agrícola y el naturalismo de la última cena. La poda de las viñas en marzo, la fiesta de las flores en abril, la cetrería en mayo o el vertido del mosto desde el odre al tonel en el mes de octubre. Todo y más ¡nos espera!

El Voltoya y su arroyo Balisa, entre pinares y encinas, nos guían por los majuelos de la campiña segoviana. El patrimonio vitícola es excepcional. Ancianas cepas prefiloxéricas, algunas bicentenarias, sobrevivieron sin problemas en la zona más alta, arenosa y fría de Rueda . El canto rodado en
superficie y en ocasiones la pizarra en profundidad, son la referencia y la diferencia de estas vides; los jerónimos de El Parral de Segovia en Nieva, los precursores y el origen de unos vinos de gran calidad. Visitamos más bodegas en Aldeanueva del Codonal y Santiuste de San Juan Bautista y rodeados de un mar de pinos, en la desembocadura en el Eresma, frente al precioso castillo de Coca, un pulpo a la brasa con brandada de bacalao y un exquisito Verdejo nos sirve para almorzar.

Alejados del granito de las sierras de Gredos y Guadarrama, el ladrillo y el arte mudéjar se alzan omnipresentes para adornar los paisajes de Rueda . De camino a Madrigal de las Altas Torres, lo admiramos también en Martín Muñoz de las Posadas y Arévalo. En los dominios de la villa del Cardenal Espinosa y en los alrededores de la ciudad de los Cinco Linajes contrastamos la existencia de Garnacha centenaria que ojalá pronto se incorpore y engrandecezca la denominación. Ya en la cuna de Isabel La Católica, rodeados de la infinita llanura, nos asombra la muralla y sus altas torres, las bodegas subterráneas, los monasterios, iglesias y plazas de Madrigal. Y, aunque lamentamos el estado, disfrutamos de la atmósfera y de su estrellada noche.

Felices por la gastronomía en barro y horno de leña tan bien regada y por unas visitas esenciales -casa natal de Isabel, iglesia de San Nicolás de Bari, hospital de la Purísima Concepción y ruinas del convento de Agustinos-, nos prometemos volver, pero ahora, Medina del Campo y sus bodegas esperan. Lope de Vega decía, quien mira lo pasado, lo porvenir advierte. Hubo un tiempo en Medina en el que todo pasaba, ferias generales de los reinos incluidas. Hoy, al menos sus bodegas recuperan parte de aquel esplendor y sus vinos, como los de Olmedo, compiten entre los mejores. Y así, del Palacio Real testamentario de los Reyes Católicos y del inexpugnable Castillo de la Mota de la ciudad de Medina nos trasladamos, entre viñedos, a la villa de El caballero. En el antiguo convento de Sancti Spiritus de Olmedo, en un hotel-balneario digno del Fénix de los ingenios, descasaremos.

A la mañana siguiente, sin prisas, recorremos los viñedos de las riberas del Adaja y del Eresma. Y al caer la noche, en Matapozuelos, bajo el cielo estrellado, nos dejamos seducir por otra estrella. Una cocina refinada, plena de creatividad y ecología nos convoca y evoca lo mejor del entorno. Y para que la experiencia sea inolvidable, hacemos despliegue de los mejores Verdejos del momento. Por afinidad, complementariedad y contraste encontramos las perfectas armonías a un menú saludable, sabroso y fresco. Vinos jóvenes, espumosos, con crianza en barrica, dulces o incluso de hielo o cócteles y sorbetes a partir de la Verdejo… Blanca sinfonía.

Rueda es un festival cada día mayor y mejor. Pero una hermosa Villa también de la cuenca del Zapardiel. Entre dos cerros, en el camino real, de iglesias y casas señoriales con bodegas históricas y otras nuevas. No las dejamos de visitar, como tampoco una selección de las numerosas de La Seca y Serrada. En Tordesillas terminamos un nuevo día en la denominación y reponemos fuerzas. Un gallo y un vino turresilanos y de postre amarguillos y corazones de Castilla. Saboreamos lo local, recordando lo universal de una villa que domina el Duero y que mantuvo en vilo al Viejo Mundo. El reparto del Nuevo estaba en juego. Portugal y España definían en Tordesillas la línea divisoria para sus futuros descubrimientos. El 7 de junio de 1494 firmaban el acuerdo. La vitivinicultura, desde entonces, de la mano de españoles y portugueses, se seguiría extendiendo por América. Y tras las Casas de un Tratado, otra morada visitamos. El Monasterio Real de Santa Clara, lugar de cautiverio de la reina Juana. Una joya mudéjar donde, quien sabe, si más cuerda que loca, pero desde luego contra su voluntad y hasta su muerte, confinada estuvo cuarenta y seis largos años. Mientras, primero su padre y sus hijos luego, con guerra civil de por medio (la de los comuneros), gobernaron en medio mundo.

En el Parador amanecemos y nos encaminamos a Nava del Rey. Quinientas bodegas subterráneas esperan y una giralda da la bienvenida a una pequeña ciudad que exportaba sus vinos a media España. Hoy, poco a poco, recupera producción y sirve de ejemplo a la bella e ilustre villa de Alaejos, donde los suyos, tan afamados e inmortalizados como los vecinos, aún no encuentran el relevo. Tomamos dirección Toro hacia el Duero y en Castronuño terminamos. Atardece y por el camino arenoso, entre los pinos y las encinas, nos acercamos al mirador de la muela. Carboneros y ruiseñores nos acompañan con su canto. La gineta desciende al carrizal y las garzas planean sobre el río. Cae el sol, habla el cielo. La realidad esconde invisibles historias. Las aguas plácidas, como el vino en Rueda , a pesar de todo, progresan por los meandros.

Amar Rueda es amar la posibilidad. Amar lo que fue y lo que puede llegar a ser. Es regar el desierto y refundar la ruina. En un escenario diáfano, lleno de tragicocomedia, arte y olvido, unos cuantos iniciaron el camino. Nosotros disfrutamos de algunos de los mejores blancos de España. Así ¡que sean felices! La Verdejo es una gran variedad, Rueda recobra estatus y el Duero aún no conoce sus límites.

D.O. RUEDA

Sede: Real, 8. 47490 Rueda (Valladolid). España 1

Ámbito: 2.658 Km2 en dos municipios de la provincia de Ávila (Blasconuño de Matacabras y Madrigal de las Altas Torres), en cincuenta y dos municipios de la provincia de Valladolid (Aguasal, Alaejos, Alcazarén, Almenara de Adaja, Ataquines, Bobadilla del Campo, Bocigas, Brahojos de Medina, Carpio del Campo, Castrejón, Castronuño, Cervillego de la Cruz, El Campillo, Fresno el Viejo, Fuente el Sol, Fuente Olmedo, Gomeznarro, Hornillos, La Seca, La Zarza, Lomoviejo, Llano de Olmedo, Matapozuelos, Medina del Campo, Mojados, Moraleja de las Panaderas, Muriel, Nava del Rey, Nueva Villa de las Torres, Olmedo, Pollos, Pozal de Gallinas, Pozaldez, Puras, Ramiro, Rodilana, Rubí de Bracamonte, Rueda, Salvador de Zapardiel, San Pablo de la Moraleja, San Vicente del Palacio, Serrada, Sieteiglesias de Trabancos, Tordesillas, Torrecilla de la Abadesa, Torrecilla de la Orden, Torrecilla del Valle, Valdestillas, Velascálvaro, Ventosa de la Cuesta, Villafranca del Duero, Villanueva del Duero y Villaverde de Medina) y en diecisiete municipios de la provincia de Segovia (Aldeanueva del Codonal, Aldehuela del Codonal, Bernuy de Coca, Codorniz, Coca, Donhierro, Fuentes de Santa Cruz, Juarros de Voltoya, Montejo de Arévalo, Montuenga, Moraleja de Coca, Nava de la Asunción, Nieva, Rapariegos, San Cristóbal de la Vega, Santiuste de San Juan Bautista y Tolocirio).

Variedades:

✓ Blancas: Verdejo (principal); Palomino, Sauvignon Blanc y Viura (autorizadas).

✓ Tintas: Tempranillo (principal); Cabernet Sauvignon, Merlot y Garnacha (autorizadas).

Web: www.dorueda.com

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